¡Y tan fácil! Desde tu Corazón

El discernimiento como palabra clave frente a los diferentes sentimientos.

Todo pensamiento desencadena diferentes sentimientos. Si ocurre algo que “me gusta” me siento contento. Si ocurre algo que “me desagrada” me siento triste o enfadado. Nos lleva al apego a lo que nuestra mente califica como agradable y a la aversión-huida frente  a lo que nuestra mente califica como desagradable.

Nuestro bienestar depende de lo externo, que muchas veces poquito depende de nosotros, nada más allá de lo que podamos hacer, de aquello que responsablemente con nosotros y con los demás actuemos. Esto nos pasa. Y nos lleva a estados de una felicidad que se diluye en cuanto “perdemos” aquello que deseamos-tenemos y/o a frustración cuando no conseguimos lo que queremos. Y sabemos que aprendemos a través de las relaciones. ¡Imagínate desde dónde se dan las relaciones de amistad, familiares, laborales, de pareja…cuando estamos en una búsqueda externa! ¿Entrega desde la búsqueda de que lo externo nos de lo que aparentemente nos falta: reconocimiento, afecto, compañía, seguridad? ¿Con miedo de que esto no ocurra o de perder lo que creemos tenemos ya?

Luego están lo que yo llamo los anhelos del Alma. Y ahí seguimos en esta existencia tan interesante, en este juego de la vida. Los anhelos del Alma son , para mí, sentimientos que no proceden del pensamiento-mente, es algo mucho más profundo, que viene de dentro, algo que has sabido sin saber, desde siempre. Para mí, responden a acuerdos de nuestras Almas. Lo que hemos elegido traer a esta existencia como aprendizaje, como experiencia para esta vida. Se identifican porque son un sentir sin pensamiento, no sabemos ni de dónde vienen ni por qué. Lo sabemos y ya está. Aquí el juego se pone más interesante. Tan sólo hay que CONFIAR Y si somos coherentes iniciamos caminos de auténtica conexión, a todos los niveles, nuestra acción sale de nuestro corazón, de ese sentir profundo, intuición, certeza, nuestra verdad. Las relaciones implican encontrarnos con Almas afines para esa experiencia-aprendizaje.  Y el camino se transforma en disfrute-aprendizaje-gratitud. Ni apego ni huida. Sin miedo. Desapego. Alegría. Por lo menos en muchos momentos vamos vislumbrando y viviendo esa alegría interna, desde el desapego, desde una entrega auténtica a aquello que hacemos, a las personas con las que estamos, a la vida.

Y cuando se produce el encuentro de dos Almas Afines y estas se reconocen y comparten camino, todo se potencia y la experiencia se transforma en sublime.

Paralelamente, en  este juego de la vida, en el que nos embarcamos, está nuestra Esencia, que más allá del humano y del Alma, es puro Amor, Paz, Unidad, Alegría sin motivo… nuestra Naturaleza Esencial, aquella que no necesita ni anhela, que simplemente Es.

¿Y si somos conscientes y vivimos esta maravillosa existencia desde ahí, compartiendo y compartiéndonos desde ahí? ¿Agradeciendo todo el tiempo absolutamente todo? ¿Se transformarían nuestras relaciones? ¿Se transformaría sustancialmente el juego de la vida? ¿Sería lo que muchos llaman traer el Cielo a la Tierra? Sin perdernos, en Esencia, vivir desde ahí.

¿Oscilamos? Sí, claro, la mayoría de nosotros. Y vamos viviendo diferentes experiencias que, inevitablemente, nos conducen cada vez más a nosotros mismos. No me refiero como personas sino esencialmente. Y esto nos permite vivir cada día, más instantes desde esas presencia interna, desde la conexión con nuestro auténtico yo, desde el Amor que somos, en todas las áreas de nuestra vida.

Namaste